Almesony 091

19 août 2007

Almesony 091

Como dijo Jack el destripador, vamos por partes.

Así como sucede con el rojo, con el sombrero negro más que generar pensamiento negativo lo vamos a limitar, pues se le dará su momento y no dejaremos, como en el caso de las emociones, que se desborde la negatividad sin ser conscientes de ello. Si tenemos una actitud hacia el sombrero negro, debemos basar toda nuestra experiencia pasada en la explicación objetiva de esta negatividad, por eso es negativo objetivo. Con el sombrero negro podemos decir “ No creo que la rebaja de precios vaya a funcionar porque por nuestras experiencias anteriores.........”. Es decir negativo objetivo, en donde se le da una real dimensión a la parte de crítica. Como dijimos ,es fácil ser negativo porque a una idea es fácil encontrarle lo que no funciona (esto puede ser una pequeña parte), ¿será tan fácil ser positivo? La fórmula implícita en toda religión y moral reza “¡Haz esto y aquello, no hagas esto ni aquello; así alcanzarás la felicidad! De lo contrario...” Toda moral, toda religión, es este imperativo, al que yo llamo gran pecado original de la razón, inmortal sinrazón. En boca mía, esa fórmula se convierte en su inversión, primer ejemplo de mi “transmutación de todos los valores”: el hombre armonioso, el “afortunado”, no puede meteos que cometer determinados actos e instintivamente rehúye otros; introduce el orden que fisiológicamente encarna en sus relaciones con los hombres y las cosas. He aquí la fórmula correspondiente: su virtud es el efecto de su felicidad... La vida larga y la prole numerosa no son el premio de la virtud, sino que la virtud es ese retardo del metabolismo que, entre otras cosas, determina también una vida larga y una prole numerosa, en una palabra, el cornarismo. La Iglesia y la moral dicen: “el vicio y el lujo arruinan a los linajes y a los pueblos”. Mi razón restaurada dice: “cuando un pueblo se arruina, cae en la degeneración fisiológica y se originan el vicio y el lujo (esto es, la necesidad de estímulos cada vez más fuertes y más frecuentes, como la conoce todo ser agotado). El joven se debilita prematuramente. Sus amigos afirman que la culpa la tiene tal enfermedad. Yo afirmo que el hecho de que ese joven haya enfermado, no haya resistido a la enfermedad, es la consecuencia de una vida empobrecida, de un agotamiento congénito. El lector de diarios dice que tal partido labra su propia ruina por tal error. Mi política superior, en cambio, dice que un partido que comete tal error está arruinado; que ha perdido la seguridad de sus instintos. Todo error, en todo sentido, es la consecuencia de degeneración de los instintos, de disgregación de la voluntad; lo malo queda así indefinido. Todo lo bueno es instinto y, por ende, fácil, necesario, libre. El esfuerzo es una objeción, el dios es típicamente distinto del héroe (dicho en mi propio lenguaje: los pies alados son el atributo primordial de la divinidad). Explicación sicológica de lo antedicho.-Reducir algo desconocido a algo conocido alivia, reconforta, satisface y proporciona una sensación de poder. Lo desconocido involucra peligro, inquietud y zozobra; aplícase el instinto primordialmente a eliminar estos estados penosos. Primer principio: cualquier explicación es preferible a ninguna explicación. Como en definitiva se trata tan sólo de un afán de librarse de representaciones penosas, se echa mano de cualquier medio que se ofrece con tal de quitárselas de encima, sin discriminar mayormente; cualquier representación mental en virtud de la cual lo desconocido se dé por conocido resulta tan reconfortante que se la “cree cierta”. Es la prueba del placer (“de la fuerza”) como criterio de la verdad. El impulso causal está, pues, determinado y excitado por el temor. El “¿por qué?” debe dar en lo posible no la causa por la causa misma, sino determinado tipo de causa: una causa que tranquilice, redima, alivie. El que algo ya conocido, experimentado, grabado en la memoria, sea establecido como causa es la primera consecuencia de esta necesidad íntimamente sentida. Lo nuevo, no experimentado, extraño, queda excluido como causa. De modo que se busca como causa no un tipo de explicaciones, sino un tipo escogido y preferido de explicaciones, aquel que con más rapidez y frecuencia haya eliminado la sensación de lo extraño, nuevo, jamás experimentado las explicaciones más corrientes. Como consecuencia de esto, un determinado tipo de motivación causal prevalece cada vez más, se reduce a sistema y llega al fin a dominar, con exclusión de otras causas y explicaciones. El banquero piensa en seguida en el “negocio”, el cristiano en el “pecado” y la muchacha en su amor. Crítica del modernismo. Todo el mundo conviene en que nuestras instituciones ya no sirven para nada. Pero la culpa no la tienen ellas, sino nosotros. Tras haber perdido todos los instintos de los que surgen las instituciones, perdemos las instituciones porque ya no servimos para ellas. Siempre el modernismo ha sido la forma de decadencia del poder de organización; ya en Humana, demasiado humano I, 349, he definido la democracia moderna, junto con sus cosas a medio hacer, como el “Reich alemán”, como forma de decadencia del Estado. Para que haya instituciones debe haber un tipo de voluntad distinto, imperativo, antiliberal hasta el summum: la voluntad de tradición, de autoridad de responsabilidad ante centurias por venir, de solidaridad de cadenas de generaciones hacia adelante y hacia atrás in infinitum. Si existe tal voluntad, se establece algo como el Imperio Romano o como Rusia, la única potencia que hoy tiene duración, que puede esperar, que puede aún dar promesas; Rusia, la antítesis de la miserable fragmentación y nerviosidad de Europa, que han hecho crisis con la fundación del Reich alemán... Todo el Occidente ha perdido esos instintos de los que surgen las instituciones, de los que surge el porvenir: no hay acaso nada tan reñido con su “espíritu moderno”. Se vive para el hoy, muy de prisa; se vive de una manera muy irresponsable: precisamente a esto se le llama “libertad”. Lo que convierte en instituciones las instituciones es despreciado, odiado, repudiado; en cuanto se pronuncia la palabra “autoridad” se cree correr peligro de caer en una nueva esclavitud. A tal extremo llega la decadencia en el instinto valorativo de nuestros políticos, de nuestros partidos políticos: prefieren instintivamente lo que desintegra, lo que acelera el proceso... Testimonio de ello es el matrimonio moderno. Éste claramente ha perdido su buen sentido; mas esto no constituye una objeción contra el matrimonio, sino contra el modernismo. Radicaba el buen sentido del matrimonio en la responsabilidad jurídica exclusiva del hombre, la que aseguraba equilibrio al matrimonio, el cual hoy cojea de ambas piernas. Radicaba el buen sentido del matrimonio en su indisolubilidad fundamental, la que le confería un acento que sabía hacerse oír frente a la contingencia de sentimiento, pasión y momento. Radicaba asimismo en la responsabilidad de las familias por la selección de los cónyuges. Con la creciente indulgencia en favor del casamiento por amor se ha eliminado de hecho el fundamento del matrimonio, aquello que hace de él una institución. No se funda jamás una institución sobre una idea; no se funda el matrimonio, como queda dicho, sobre el “amor”, sino sobre el instinto sexual, el instinto de propiedad (mujer e hijo como .propiedad), el instinto de dominación, que constantemente organiza el señorío más pequeño, la familia, y necesita de hijos y herederos para mantener también fisiológicamente un grado logrado de poder, influencia y riqueza; para preparar largas tareas, solidaridad instintiva a través de centurias. El matrimonio como institución implica ya la afirmación de la forma de organización más grande, más perdurable; si la sociedad misma no puede dar garantías, como un todo, hasta las generaciones más remotas, el matrimonio no tiene sentido. El matrimonio moderno ha perdida su sentido; en consecuencia, debe procederse a abolirlo. “Libertad a que yo no aspiro...” En tiempos como los actuales, estar librado a los instintos es una fatalidad más. Estos instintos se contradicen, se obstruyen y se destruyen unos a otros; yo defino lo moderno como la contradicción fisiológica consigo mismo. La razón, la educación, exigiría que bajo una presión férrea se paralizara, por lo menos, uno de estos sistemas de instintos para permitir a otro expandirse, adquirir fuerza y llegar a prevalecer. Hoy día debiera hacerse posible al individuo podándolo: posible quiere decir íntegro... Sin embargo, suele hacerse justamente lo contrario: los que con más vehemencia reivindican la independencia, el desarrollo libre de trabas, el laisser aller, son precisamente los que más tienen de rienda y freno, lo mismo in politicis que en arte. Mas se trata de un síntoma de la decadencia; nuestra noción moderna de la “libertad” es una prueba más de la degeneración de los instintos. Donde hace falta la fe. Nada hay tan raro entre moralistas y santos como la probidad; tal vez afirmen lo contrario y es posible que hasta lo crean. Pues cuando creer es más útil, eficaz y convincente que fingir de modo consciente, el fingimiento, por instinto, no tarda en tornarse inocencia: tesis capital para la comprensión de los grandes santos. También en el caso de los filósofos, tipo diferente de santos; es un “gaje del oficio” eso de admitir solamente determinadas verdades, esto es, aquellas en base a las cuales su oficio cuenta con la sanción pública; en el lenguaje de Kant: verdades de la razón práctica. Saben lo que deben demostrar; en esto son gente práctica; el acuerdo sobre “las verdades” es el signo por el cual se reconocen. “No mentirás” significa, en definitiva: cuidado, señor filósofo, con decir la verdad... Desgraciadamente mi hermana se ha convertido en una amiga mortal de L[ou]; su indignación moral ha durado todo el tiempo. Ahora pretende saber lo que significa mi filosofía. Ha escrito a mi madre que había visto mi filosofía entrar en la vida de Tautemburg y que está asustada, yo amo el mal, pero ella ama el bien. Si fuera católica entraría en un convento “para expiar el daño que se producirá”. Resumiendo, tengo a “la virtud” de Naumburg en contra: se ha producido una verdadera ruptura entre nosotros; y mi madre fué tan lejos al pronunciar cierta palabra que hice mi maleta y a la mañana siguiente, temprano, marché a Leipzig. Mi hermana (que no quería venir a Naumburg en tanto yo estuviera allí y que aún está en Tautenburg) hizo un comentario irónico sobre las cosas: “así empezó la caída de Zaratustra”. De hecho es el inicio del comienzo. Esta carta es para ti y para tu querida esposa, no me tomen por un misántropo. De todo corazón. En lo que concierne al amigo R[ée], me paso lo mismo siempre [desde Génova], no puedo asistir al lento hundimiento de una naturaleza extraordinaria sin ponerme furioso ¡Esta falta de objetivos! ¡Y por ello mismo este poco deseo por los medios, por el trabajo, esta carencia de aplicación e incluso de exactitud cient[ífica] ¡Ese incesante despilfarro! ¡Si al menos fuera un derroche por el placer de derrochar! Pero tiene todo el aspecto de la mala conciencia. Veo por todas partes los defectos de la educación, un hombre debe ser educado para ser soldado, en cualquier sentido. Y la mujer debe ser educada para ser la mujer del soldado, en cualquier sentido. No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Que les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante 20 días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo -prometo- sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella. Considere Usted que yo provengo de circulos donde toda mi evolución se considera recriminable y se la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara “afrenta para la familia” y “una vergüenza para la tumba de mi padre”. Mi hermana... me ha declarado su franca enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce “en llegar a ser una persona buena y auténtica”. Ambas me consideran un “egoista, frío y duro de corazón”; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión de que era un carácter vulgar del todo y bajo, “siempre dispusto a aprovecharme de los otros para mis fines”; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere; Wagner es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas (incluso con mis medicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de pensar se debía a vicios perversos, suguiriendo la pederastia? Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará lo peor, dado que con mi “libro santo” he desafiado a todas las religiones. Me acabo de mirar al espejo; nunca había visto semejante aspecto. Un buen humor ejemplar, bien alimentado y diez años más joven de lo permitido.. En mi trattoria consigo sin duda los mejores bocados que hay: siempre se me indica lo que en ese momento está especialmente logrado... Aquí el sol sale un día tras otro con la misma implacable plenitud y claridad; la espléndida esbeltez del árbol en candente amarillo, el cielo y el gran río de un tierno azul, el aire de la mayor pureza: un Claude Lorrain como había soñado verlo... En todos los aspectos encuentro esto digno de vivirse... Mi habitación, emplazamiento de primera en el centro, sol desde tempranas horas hasta la tarde, vistas al pallazzo Carignano, a la piazza Carlo Alberto y, más allá a las verdes montañas: 25 francos al mes con servicio, incluida la limpieza de botas. En la trattoria pago por cada comida 1 franco con 15 y añado, cosa que sin duda se toma como excepción otros 10 céntimos. A cambio obtengo una porción muy grande de minestra, bien sea seca, o bien en bouillon... Entonces escribí a las cortes europeas, en una arrogancia heroico-aristofánica, una proclama para aniquilar a la casa Hohenzollern, esta raza de criminales e idiotas escarlata desde hace más de cien años; para ello dispuse del trono de Francia, incluida Alsacia, declarando emperador a Víctor Buonaparte, el hermano de nuestra Laetitia, y nombrando embajador de mi corte a mi distinguido Ms. Bourdeau A la princesa Ariadna, mi amada. Es un prejuicio que yo sea un ser humano. Pero ya he vivido entre los hombre y conozco todo lo que los hombre pueden experimentar, desde lo más mínimo hasta lo más alto. Yo he sido entre los indios Buda, en Grecia Dionisos, Alejandro y Cesar son mis encarnaciones, igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último fui además Voltaire y Napoleón, quizás también Richard Wagner... Pero esta vez vengo como el triunfante Dionisos, que hará de la Tierra un día festivo... No es que tenga mucho tiempo... Los cielos se alegran de que yo este aquí... También he estado colgado en la cruz...”

Hacer alguien su agosto.

Tengo que citar, finalmente, una muy notable e inesperada confirmación de esta parte de mi doctrina, confirmación que nos ha sido comunicada por Colebrooke, tomándola de la antigua filosofía indostánica. En la exposición de las escuelas filosóficas de los indos, tal como nos las da en el tomo primero de las Transactions of the Asiatic Society of Great Britain, 1824, dice en la pág. 110 exponiendo la doctrina de la escuela Niaya, lo siguiente: vital invisible.» Es evidente que esto de las hay que entenderlo aquí no en el sentido fisiológico, sino en el popular de la palabra, siendo indiscutible, por lo tanto, que se hace derivar aquí la vida orgánica de la voluntad. Una indicación semejante de Colebrooke se encuentra en sus noticias sobre los Vedas (Asiatic researches, vol. 8, pág. 426), donde dice: Señoritas de compañía en Barcelona Sin embargo, aquí oímos y vemos a la vez que también este espectador y juez olímpico está lejos de enfadarse por esto con los hombres y de pensar mal de ellos: «¡Qué locos son!», piensa al ver las fechorías de los mortales, –– y «locu­ra», «insensatez», un poco de «perturbación en la cabeza», todo eso lo admitieron de sí mismos incluso los griegos de la época más fuerte, más valerosa, como fundamento de muchas cosas malas y funestas: –– locura, ¡no pecado! ¿Lo comprendéis?... Pero incluso esa perturbación de la cabe­za era un problema –– «sí, ¿cómo ella es posible siquiera?, ¿de dónde puede haber venido, propiamente, a cabezas como las de nosotros, hombres de la procedencia aristo­crática, de la fortuna, de la buena constitución, de la mejor sociedad, de la nobleza, de la virtud?» –– así se preguntó durante siglos el griego noble a la vista del horror y del cri­men, incomprensibles para él, con los que se había man­chado uno de sus iguales. «Un dios, sin duda, tiene que ha­berlo trastornado», decía finalmente, moviendo la cabe­za... Esta salida es típica de los griegos... Y así los dioses servían entonces para justificar hasta cierto punto al hom­bre incluso en el mal, servían como causas del mal ––enton­ces los dioses no asumían la pena, sino, como es más noble, la culpa .... Señoritas de compañía en BCN Ricardo va ya bastante más allá que A. Smith. Basa su concepción de la plusvalía en una nueva teoría del valor, que aunque aparecía ya como un conato en A. Smith se perdía nuevamente entre los desenvolvimientos de este autor y que habría de constituir, el punto de partida de toda la ciencia económica posterior. De la determinación del valor de la mercancía por la cantidad de trabajo materializado en ella, deriva Ricardo la distribución entre obrero y capitalista de la cantidad de valor añadida a las matearías primas por el trabajo, su división en salario y ganancia (es decir, aquí, plusvalía). Demuestra que el valor de las mercancías es siempre el mismo, por mucho que cambie la proporción entre estas dos partes; ley a la que sólo admite excepciones aisladas. Establece, incluso, algunas leyes fundamentales acerca de la proporción inversa entre el salario y la plusvalía (concebida bajo la forma de ganancia), aunque en una formulación demasiado general (Marx, El Capital, I, cap. XV, I) [435–438], y demuestra la renta del suelo como un remanente que en determinadas circunstancias se desprende de la ganancia. Rodbertus no se remonta por encima de Ricardo en ninguno de estos dos puntos. Las contradicciones internas de la teoría de Ricardo, que condujeron al fracaso a su escuela, pasaron completamente inadvertidas para Rodbertus o sólo sirvieron para inducirle (Zur Erkenntniss, etc., p. 130), a reivindicaciones utópicas, y no a soluciones económicas. Señoritas de compañía Pero, según el supuesto de que aquí partimos, toda esta producción anual de oro –por medio de la cual se sustraen constantemente al mercado fuerza de trabajo y materiales de producción y se aporta constantemente a él dinero adicional –sólo repone el dinero desgastado durante el año, sólo sirve, por tanto, para mantener en su plenitud de medio de pago la masa social de dinero que existe constantemente, aunque en proporciones variables, bajo las dos formas de tesoro y de dinero en circulación. Putas Barcelona Nota. Aprovecho la ocasión que me proporciona este tratado para expresar pública y formalmente un deseo que hasta ahora he manifestado tan sólo en conversaciones ocasionales con personas doctas; a saber, que alguna Facultad de Filosofía se haga benemé­rita del fomento de los estudios de historia de la moral convocando una serie de premios académicos: –– tal vez este libro sirva para dar un fuerte impulso precisamente en esa dirección. En previsión de una posibilidad de esa especie, se propone la cuestión siguiente: ella merece la atención de los filólogos e historiadores tanto como la de los auténticos doctos en filosofía por oficio. http://www.girlsmadrid.com Los gastos del almacenamiento consisten 1) en una disminución cuantitativa de la masa de productos (por ejemplo, cuando la mercancía almacenada sea harina); 2) en un deterioro de la calidad; 3) en el trabajo materializado y vivo que se requiere para conservar las mercancías almacenadas. Señoritas de compañía en valencia La función del medio de trabajo en el proceso de producción requiere por término medio que sirva constantemente, una y otra vez, durante un período más o menos largo, en repetidos procesos de trabajo. Esta función exige, pues, que su materia tenga un grado mayor o menor de duración. Sin embargo, no es el grado de duración de la materia de que está formado la que lo convierte de por si en capital fijo. La misma materia puede ser capital circulante si interviene como materia prima, y en los economistas que confunden la distinción entre el capital–mercancías y el capital productivo con la distinción entre el capital circulante y el capital fijo vemos cómo la misma materia, la misma máquina, es capital circulante en cuanto producto y capital fijo en cuanto medio de trabajo. Señoritas de compañía en marbella Es totalmente falso lo que A. Smith dice (p. 301) de que “la porción del capital empleado ... en sostener manos productivas ... después de haberle servido” (al capitalista) “como capital, constituye un ingreso” (para los obreros). El dinero con que el capitalista paga la fuerza de trabajo comprada por él “le sirve como capital”, pues le permite incorporar la fuerza de trabajo a los elementos reales de su capital, poniendo así a éste en condiciones de funcionar como capital productivo. Distingamos: la fuerza de trabajo es mercancía, no capital, en manos del obrero y constituye una renta para él siempre y cuando que pueda repetir constantemente su venta; después de vendida, en manos del capitalista, durante el propio proceso de producción, es cuando funciona como capital. Lo que aquí sirve dos veces es la fuerza de trabajo: como mercancía que se vende por su valor, en manos del obrero, como fuerza productiva de valor y de valor de uso, en manos del capitalista que la compra. Clubs alterne Barcelona En la primera fase, el capitalista retira artículos de uso del mercado de mercancías en sentido estricto y del mercado de trabajo; en la tercera fase, devuelve mercancías al mercado, pero sólo a uno de ellos, al mercado de mercancías en sentido estricto. Y si, con sus mercancías vuelve a retirar del mercado más valor del que primitivamente incorporó a él, es sencillamente, porque lanza a él, en mercancías, un valor mayor del que primitivamente le sustrajo. Incorporó a él el valor D y sustrajo de él la equivalencia M; ahora lanza a él M' + m y retira de él la equivalencia D + d. D equivalía, en nuestro ejemplo, al valor de 8,440 libras de hilo; pero lo que lanza al mercado son 10,000 libras de hilo, es decir, un valor mayor del que sacó de él. Por otra parte, si lanza al mercado este valor incrementado es gracias a la plusvalía creada en el proceso de producción (como parte alícuota del producto, expresada en el producto excedente) mediante la explotación de la fuerza de trabajo. La masa de mercancías sólo se convierte en capital–mercancías exponente del valor del capital valorizado, como producto de este proceso. Mediante la operación M'–D' se realiza tanto el valor del capital desembolsado como la plusvalía. La realización de ambos coincide en la serie de ventas o en la venta, hecha de un golpe, de la masa total de mercancías que se expresa en M'–D'. Pero la operación de circulación M'–D' difiere con respecto al valor del capital y la plusvalía, en el sentido de que expresa en cada uno de ellos una fase distinta de la circulación, una etapa distinta en la serie de metamorfosis que dentro de la circulación tienen que recorrer. La plusvalía m, sólo viene al mundo dentro del proceso de producción. Por consiguiente, aparece por vez primera en el mercado de mercancías y concretamente en forma de mercancía; es su primera forma de circulación, y, por tanto, el acto m–d es su primer acto de circulación o su primera metamorfosis, la cual tiene que ser complementada, por consiguiente, con el acto de circulación opuesto o con la metamorfosis inversa, d–m.5 Begleitservice Madrid En el libro I hemos analizado el proceso capitalista de producción, tanto de por sí como en cuanto proceso de reproducción: la producción de plusvalía y la producción del propio capital. Los cambios de forma y de materia que el capital experimenta dentro de la órbita de la circulación se daban por supuestos, sin detenerse a estudiarlos. Se daba por supuesto, por tanto, primero, que el capitalista vende el producto por su valor y, segundo, que encuentra a su disposición los medios materiales de producción necesarios para comenzar de nuevo el proceso o proseguirlo ininterrumpidamente. El único acto de la órbita de la circulación en que necesitábamos detenernos allí era la compra y la venta de la fuerza de trabajo, como condición fundamental de la producción capitalista. Madrid Escort El proceso de circulación del capital industrial, que sólo representa una parte de su proceso cíclico individual, se halla regido, cuando sólo actúa como un proceso dentro de la circulación general de mercancías, por las leyes generales expuestas más arriba (libro I. Cap. III [ pp. 58 ss.] ) . La misma masa de dinero, 500 libras esterlinas, por ejemplo, va poniendo sucesivamente en circulación más capitales industriales (o capitales individuales, en su forma de capitales–mercancías) cuanto mayor es la velocidad de circulación del dinero es decir, cuanto más rápidamente recorre cada capital individual la serie de sus metamorfosis de mercancías o de dinero. Por tanto, la misma masa de valor de capital requerirá para su circulación tanto menos dinero cuanto máis funcione éste como medio de pago, cuanto más, por ejemplo en la reposición de un capital–mercancías por sus medios de producción, se límite a pagar simples saldos, y cuanto más cortos sean los plazos de pago, por ejemplo en el pago de salarios. Por otra parte, siempre y cuando que el ritmo de la circulación y todas las demás circunstancias permanezcan invariables, la masa del dinero que debe circular como capital–dinero, se determina por la suma de precios de las mercancías (el precio multiplicado por la masa de mercancías) o, partiendo de la masa y los valores de las mercancías como factores dados, por el valor del mismo dinero. masajes eróticos El alza de valor de los elementos destinados a reponer el capital–mercancías produce el efecto contrario. En este caso, la reproducción ya no se opera con su volumen normal (se trabaja, por ejemplo, menos tiempo), o se hace necesario movilizar un capital–dinero adicional para mantenerla con su volumen anterior (vinculación de capital–dinero) ; o bien el fondo de acumulación en dinero, si existe, sirve en todo o en parte, no para ampliar el proceso de reproducción, sino para mantenerlo en la escala antigua. Esto supone también vinculación de capital–dinero, con la diferencia de que aquí el capital–dinero adicional no procede de fuera, del mercado de dinero, sino de los propios recursos del capitalista industrial. barcelona prostituta

Prestarse a algo.

Criar un animal al que le sea lícito hacer promesas –– ¿no es precisamente esta misma paradójica tarea la que la natura­leza se ha propuesto con respecto al hombre? ¿No es éste el auténtico problema del hombre?... El hecho de que tal pro­blema se halle resuelto en gran parte tiene que parecer tan­to más sorprendente a quien sepa apreciar del todo la fuer­za que actúa en contra suya, la fuerza de la capacidad de ol­vido. Esta no es una mera vis inertiae [fuerza inercial], como creen los superficiales, sino, más bien, una activa, po­sitiva en el sentido más riguroso del término, facultad de in­hibición, a la cual hay que atribuir el que lo únicamente vi­vido, experimentado por nosotros, lo asumido en nosotros, penetre en nuestra conciencia, en el estado de digestión (se lo podría llamar «asimilación anímica»), tan poco como penetra en ella todo el multiforme proceso con el que se desarrolla nuestra nutrición del cuerpo, la denominada «asimilación corporal». Cerrar de vez en cuando las puertas y ventanas de la conciencia; no ser molestados por el ruido y la lucha con que nuestro mundo subterráneo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio, un poco de tabula rasa [tabla rasa] de la con­ciencia, a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo, y so­bre todo para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernar, el prever, el predeterminar (pues nuestro orga­nismo está estructurado de manera oligárquica) ––éste es el beneficio de la activa, como hemos dicho, capacidad de ol­vido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una man­tenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la eti­queta: con lo cual resulta visible en seguida que sin capaci­dad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún pre­sente. El hombre en el que ese aparato de inhibición se halla deteriorado y deja de funcionar es comparable a un dispép­tico (y no sólo comparable –– ), ese hombre no «digiere» ín­tegramente nada... Precisamente este animal olvidadizo por necesidad, en el que el olvidar representa una fuerza, una forma de la salud vigorosa, ha criado en sí una facultad opuesta a aquélla, una memoria con cuya ayuda la capaci­dad de olvido queda en suspenso en algunos casos, ––a saber, en los casos en que hay que hacer promesas; por tanto, no es, en modo alguno, tan sólo un pasivo no––poder––volver––a––li­berarse de la impresión grabada una vez, no es tan sólo la indigestión de una palabra empeñada una vez, de la que uno no se desembaraza, sino que es un activo no––querer­volver––a––liberarse, un seguir y seguir queriendo lo querido una vez, una auténtica memoria de la voluntad, de tal modo que entre el originario «yo quiero», «yo haré» y la auténtica descarga de la voluntad, su acto, resulta lícito interponer tranquilamente un mundo de cosas, circunstancias e inclu­so actos de voluntad nuevos y extraños, sin que esa larga ca­dena de la voluntad salte. Mas ¡cuántas cosas presupone todo esto! Para disponer así anticipadamente del futuro, ¡cuánto debe haber aprendido antes el hombre a separar el acontecimiento necesario del casual, a pensar causalmente, a ver y a anticipar lo lejano como presente, a saber estable­cer con seguridad lo que es fin y lo que es medio para el fin, a saber en general contar, calcular, –– cuánto debe el hombre mismo, para lograr esto, haberse vuelto antes calculable, re­gular, necesario, poder responderse a sí mismo de su propia representación, para finalmente poder responder de sí como futuro a la manera como lo hace quien promete! Madrid puta Anti-Darwin. Por lo que se refiere a la famosa “lucha por la existencia”, me parece, por lo pronto, más sostenida que demostrada. Se da, sí; pero como excepción. El aspecto total de la existencia no es el apremio, el hambre, sino, por el contrario, la riqueza, la abundancia y aun el derroche absurdo; donde se lucha, se lucha por poder... No se debe confundir a Malthus con la Naturaleza. Mas suponiendo que se dé esta lucha-y se da, en efecto-, su desenlace es, por desgracia, justamente el contrario del que desea la escuela darwinista, desfavorable a los fuertes, los privilegiados, los excepcionales. Las especies no pro­gresan en el sentido del perfeccionamiento; una y otra vez los débiles dan cuenta de los fuertes, por ser la abrumadora mayoría y también por ser más inteli­gentes... Darwin se olvidó del espíritu (¡gesto típica­mente inglés!). Los débiles tienen más espíritu... Hay que tener necesidad de espíritu para adquirir espíri­tu; se pierde si no se le necesita. Quien tiene la fuer­za prescinde del espíritu (“¡déjalo!-se piensa ahora en Alemania-; el Reich ha de quedar” ... ). Como se ve, yo entiendo por espíritu la prudencia, la astucia, la paciencia, la simulación, el gran dominio de sí mis­mo y todo lo que es mimetismo (éste comprende gran parte de la llamada virtud). scort de lujo en Madrid 2° Pero en A. Smith nos encontramos también con la idea fisio­crática, a pesar de hallarse en contradicción con la parte esotérica –con la parte realmente científica– de su propia argumentación. artículos porno Tampoco me he creído autorizado para reducir a sus equivalencias neoalemanas las unidades inglesas de monedas, pesos y medidas que se emplean constantemente en el texto. Cuando se publicó la primera edición, había en Alemania tantas clases de pesos y medidas como días trae el año, y además dos clases de marcos (el Reichsmarh sólo tenia curso, por entonces, en la cabeza de Soetbeer, quien lo inventara allá por el año de 1840), dos clases de florines y tres clases por lo menos de táleros, una de las cuales tenía por unidad el "nuevo dos tercios". En las ciencias naturales imperaba el sistema métrico decimal pero en el mercado mundial prevalecía el sistema inglés de pesos y medidas. En aquellas condiciones, era natural, que una obra que se veía obligada a ir a buscar sus datos documentales casi exclusivamente a la realidad industrial de Inglaterra tomase por norma las unidades inglesas de medida. Esta razón sigue siendo decisiva hoy, tanto más cuanto que las condiciones a que nos referimos apenas si han experi­mentado alteración en el mercado mundial, pues en las industrias más importantes--las del hierro y el algodón--rigen todavía casi sin excepción las medidas y los pesos ingleses. www.aliciabandera.com Si analizamos el proceso de producción desde el punto de vista del proceso de trabajo, veremos que el obrero no se comporta respecto a los medios de producción como capital, sino como simple medio y material para su actividad productiva útil. En una tenería, por ejemplo, el obrero curtidor trata las pieles simplemente como el objeto sobre que versa su trabajo. No curte las pieles para el capitalista. La cosa cambia en cuanto enfocamos el proceso de producción desde el punto de vista del proceso de valorización. Los medios de producción se transforman inmediatamente en medios destinados a absorber trabajo ajeno. Ya no es el obrero el que emplea los medios de producción, sino que son éstos los que emplean al obrero. En vez de ser devorados por él como elementos materiales de su actividad productiva, son ellos los que lo devoran como fermento de su proceso de vida, y el proceso de vida del capital se reduce a su dinámica de valor que se valoriza a sí mismo. Un horno de fundición o el edificio de una fábrica que por la noche descansen y no absorban trabajo vivo, representan para el capitalista una "pura pérdida"(mere loss.) De aquí que la posesión de hornos de fundición y de edificios fabriles dé a su poseedor títulos para "exigir" de las fuerzas de trabajo la prestación de "trabajo nocturno". La simple transformación del dinero en factores materiales del proceso de producción, en medios de producción, transforma a éstos en títulos jurídicos y en títulos de fuerza que dan a quien los posee derecho a reclamar de los demás trabajo y plusvalía. Veamos por el siguiente ejemplo cómo se refleja en la conciencia de los cerebros capitalistas esta inversión, que más que inversión es un verdadero caso de locura, característica y peculiar de la producción capitalista, de las relaciones entre el trabajo muerto y el trabajo vivo, entre el valor y la fuerza creadora de valor. Durante la revuelta de los fabricantes ingleses, que duró desde 1848 a 1850 "el jefe de la fábrica de hilados de lienzo y algodón de Paysley, una de las casas más antiguas y respetadas del oeste de Escocía, la compañía Carlile, Hijos & Co., fundada en 1752 y regida de generación en generación por la misma familia"; este industrial, que era, como se verá, un gentleman extraordinariamente inteligente, publicó en el Glasgow Daily Mail de 25 de abril de 1849 una carta7 bajo el titulo de "El sistema de relevos", en la que se desliza, entre otros, el siguiente pasaje, de una grotesca simplicidad: "Examinemos ahora los perjuicios que acarrearía una reducción de la jornada de trabajo de 12 horas a 10. . . Estos perjuicios 'se remontan' a los más serios quebrantos en cuanto al porvenir y a la propiedad de los fabricantes. Sí trabajaba [quiere decir sus obreros] 12 horas y se ve reducido a 10, cada 12 máquinas o husos de su fábrica se verán convertidos en 10 (then every 12 machines or spinles, in his establishment, shrink to 10'), y si quisiera vender la fábrica sólo se la tasarían por 10, con lo cual se sustraería a todo el país una sexta parte del valor de cada fábrica."8 Clubs de alterne en Madrid Los valores de uso, levita, lienzo, etc., o lo que es lo mismo, las mercancías consideradas como objetos corpóreos, son combina­ciones de dos elementos: la materia, que suministra la naturaleza, y el trabajo. Si descontamos el conjunto de trabajos útiles contenidos en la levita, en el lienzo, etc., quedará siempre un substrato material, que es el que la naturaleza ofrece al hombre sin intervención de la mano de éste. En su producción, el hombre sólo puede proceder como procede la misma naturaleza, es decir, haciendo que la materia cambie de forma..14 Más aún. En este trabajo de conformación, el hombre se apoya constantemente en las fuerzas naturales. El trabajo no es, pues, la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es, como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre. Callgirls en Barcelona Las categorías económicas que hemos estudiado dejan también su huella histórica. En la existencia del producto como mercancía van implícitas condiciones históricas determinadas. Para convertirse en mercancía, es necesario que el producto no se cree como medio directo de subsistencia para el propio productor. Sí hubiéramos se­guido investigando hasta averiguar bajo qué condiciones los pro­ductos todos o la mayoría de ellos revisten la forma de mercancía, habríamos descubierto que esto sólo acontece a base de un régimen de producción específico y concreto, el régimen de producción capi­talista. Pero esta investigación no tenía nada que ver con el análisis de la mercancía. En efecto, puede haber producción y circulación de mercancías aunque la inmensa mayoría de los artículos producidos se destinen a cubrir las propias necesidades de sus productores, sin convertirse por tanto en mercancías, es decir, aunque el proceso social de la producción no esté presidido todavía en todas sus partes por el valor de cambio. La transformación del producto en mercancía lleva consigo una división del trabajo dentro de la sociedad tan desarrollada, que en ella se consuma el divorcio entre el valor de uso y el valor de cambio, que en la fase del trueque directo no hace más que iniciarse. Pero esta fase de progreso se presenta ya en las más diversas formaciones económicas sociales de que nos habla la historia.

La forma simple del valor de una mercancía va implícita en su relación de valor con una mercancía distinta o en la relación de cambio con ésta. El valor de la mercancía A se expresa cualitativa­mente en la posibilidad de cambiar directamente la mercancía B por la mercancía A. Cuantitativamente, se expresa mediante la posibilidad de cambiar una cantidad determinada de la mercancía B por una determinada cantidad de la mercancía A. 0, dicho en otros términos: el valor de una mercancía se expresa independientemente al representársela como “valor de cambio”. Al comienzo de este capítulo decíamos, siguiendo el lenguaje tradicional: la mercancía es valor de uso y valor de cambio. En rigor, esta afirmación es falsa. La mercancía es valor de uso, objeto útil, y “valor”. A partir del momento en que su valor reviste una forma propia de manifes­tarse, distinta de su forma natural, la mercancía revela este doble aspecto suyo, pero no reviste jamás aquella forma si la contemplamos aisladamente: para ello, hemos de situarla en una relación de valor o cambio con otra mercancía. Sabiendo esto, aquel modo de expre­sarse no nos moverá a error y, aunque sea falso, puede usarse en gracia a la brevedad. Masajes eróticos en Barcelona Para estudiar el trabajo común, es decir, directamente socializado, no necesitamos remontarnos a la forma primitiva del trabajo colectivo que se alza en los umbrales históricos de todos los pueblos civilizados.33 La industria rural y patriarcal de una familia cam­pesina, de esas que producen trigo, ganado, hilados, lienzo, prendas de vestir, etc., para sus propias necesidades, nos brinda un ejemplo mucho más al alcance de la mano. Todos esos artículos producidos por ella representan para la familia otros tantos productos de su trabajo familiar, pero no guardan entre sí relación de mercancías. Los diversos trabajos que engendran estos productos, la agricultura y la ganadería, el hilar, el tejer y el cortar, etc., son, por su forma natural, funciones sociales, puesto que son funciones de una familia en cuyo seno reina una división propia y elemental del trabajo, ni mas ni menos que en la producción de mercancías. Las diferencias de sexo y edad y las condiciones naturales del trabajo, que cambian al cambiar las estaciones del año, regulan la distribución de esas funciones dentro de la familia y el tiempo que los individuos que la componen han de trabajar. Pero aquí, el gasto de las fuerzas individuales de trabajo, graduado por su duración en el tiempo, reviste la forma lógica y natural de un trabajo determinado social­mente, ya que en este régimen las fuerzas individuales de trabajo sólo actúan de por sí corno órganos de la fuerza colectiva de trabajo de la familia. Model Cristina Finalmente, en la verdadera industria toda inversión complementaria para adquirir nuevo trabajo supone un desembolso complementario proporcional para adquirir nuevas materias primas, pero no necesariamente para adquirir nuevos medios de trabajo. Y, como la industria extractiva y la agricultura suministran, en realidad, las primeras materias a la industria fabril y a sus medios de trabajo, ésta se beneficia también con el remanente de productos que aquéllas crean sin nuevo desembolso de capital. Escola lloret El sistema de cuadrillas impera casi exclusivamente en Lincoln­shire, Huntingdonshire, Cambridgeshire, Norfolk, Suffolk y Notting­hanishire; con carácter esporádico, se aplica también en los condados vecinos de Northhampton, Bedford y Rutland. Tomaremos como ejemplo Lincolnshire. Gran parte de este condado es terreno nuevo, formado por antiguos pantanos o también, como en algunos otros de los condados citados más arriba, por terrenos arrancados al mar. La máquina de vapor ha hecho maravillas en la desecación de estas tierras. Terrenos que antes eran pantanos y dunas, son ahora mares espléndidos de trigo y rinden a sus propietarios las rentas más ele­vadas. Otro tanto acontece con las tierras aluviales creadas artificialmente, como en la isla de Axholme y en las otras parroquias situadas en la orilla del Trent. A medida que surgían los nuevos arriendos, no sólo no se construían nuevos cottages, sino que se derri­baban los antiguos; la demanda de brazos se cubre con los habi­tantes de las aldeas abiertas, situadas a varias millas de distancia, a lo largo de las calzadas, que van culebreando a lo largo de las colinas. Allí habla ido a refugiarse años atrás la población, huyendo de las largas inundaciones invernales. Los obreros domiciliados en fincas de 400 a 1,000 acres (a éstos se da el nombre de “confined labourers”) sólo se utilizan para las labores pesadas de carácter per­manente, ejecutadas con ayuda de caballos; apenas hay un cottage por cada 100 acres (1 acre = 40.47 áreas o 1,584 yugadas pru­sianas). Un colono de Fenland, por ejemplo, declara ante la Comisión investigadora: “Mi arriendo abarca 320 acres, todo tierras de trigo. No hay en él ningún cottage. Uno de los obreros vive ahora en mi casa. Tengo a cuatro jornaleros de los que trabajan con los caballos, alojados en los alrededores. Las labores ligeras, que exigen muchos brazos, se ejecutan por medio de cuadrillas.”110 La tierra exige muchas labores ligeras, tales como el sachar y el escardar, estercolar, limpiar el campo de piedras, etc. Estas labores las eje­cutan cuadrillas o grupos organizados de jornaleros, residentes en las aldeas abiertas. http://www.boxbcn.com El descenso de población llevó naturalmente aparejado, a grandes rasgos, una disminución de la masa de productos. Para nuestros fines, basta con que nos fijemos en los cinco años de 1861 a 1865, durante los cuales emigran más de medio millón de irlan­deses, disminuyendo en más de 1/3 de millón la cifra absoluta de habitantes (véase cuadro A en la página siguiente). Oscus Barcelona Atengámonos, por tanto, a los límites del cambio de mercancías, en el que los vendedores son compradores y éstos, a su vez, ven­dedores. Nuestra perplejidad proviene, acaso, de que nos hemos limitado a enfocar las personas como categorías personificadas y no con su personalidad individual. http://www.pisobcn.com 98 Júzguese, pues, de la ocurrencia fabulosa de Proudbon, cuando "construye" la maquinaria, no como una síntesis de medios de trabajo, sino como una síntesis de obreros parciales que trabajan para los propios obreros. wmailbox.com 190 “La tendencia hacia el sistema fabril” (Child. Empl. Comm. II Rep. 1864, p. 67.) “Toda la industria pasa actualmente por una fase de transición y atraviesa por los mismos cambios porque han atravesado la industria puntillera, la industria textil, etc.”(L. c., n. 405.) “Una revolución radical.– (L. c., p. XLVI, n. 318.) En los tiempos de la Child. Empl. Comm de 1840, la fabricaci6n de medias era todavía un trabajo manual. En 1846 comenzaron a introducirse en esta rama diversas máquinas que actualmente se hallan ya movidas a vapor. La cifra total de personas de ambos sexos y todas las edades, a partir de los 3 años, empleadas en la rama inglesa de fabricación de medias era. en 1862. de unas 120,000 personas. De ellas, sólo se hallaban sujetas a los preceptos de la ley fabril en 1862. según el Parliamentary Return de 11 de febrero, 4.063

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